Olor a romero y gasolina en Nueva York, por Daniel G. Cabrero

Cuando el arte eriza la piel del toro, uno se siente feliz. Cuando el artista electriza el escenario, la luminotecnia se reduce a mínimas chispas, y es en esa comunión que hasta el menos entendido por fin sabe de arte, y lo aplaude y valora hasta la saciedad – es ahí donde el artista transmite y hace sentir, jondo, donde duele, bonito. 

Esa es la fórmula y forma con las que Israel Galván abrió temporada en el Joyce Theater el pasado miércoles – un gran triunfo unánimemente correspondido y corroborado por la afición que llenó el teatro de la Gran Manzana. 

Ambiente selecto en evento de igual magnitud donde los rayos y centellas producidos por las atacantes extremidades de Israel, junto las bestias vistas en el ruedo neoyorkino hicieron que el flamenco de este peculiar y completo bailaor transportasen al público de la ovación total y en ocasiones a la sonrisa facilona con que los detalles de arte y naturalidad supremos, cuando son ofrecidos a través del conocimiento preciso del artista, deleitaron a enterados y curiosos por igual – si bien en ocasiones incomprendido, también vanagloriado como con lo magnánime y lo divino suele ocurrir.

Las formas oblicuas, los estoques fundidos en toro y torero, los tempos pulcramente marcados y la mano del pavo real son ya Marca Registrada de este artista único y a quien nadie ya se puede comparar, pues la comparación en el Flamenco es sinónimo de deja-vu, y Galván es, por derecho, un nunca antes visto.

Las referencias al Templo, su Maestranza, Lola Flores o la Paquera dejan buena constancia de «La edad de oro» y el arte de Israel contaminó de aromas de romero el pesado olor a gasolina de la Gran Manzana.

Los que allí estuvimos quedamos complacidos por el aprecio de este artista hacia la innovación desde el conocimiento y la pulcritud del trabajo bien hecho, e investigado. Mantenerse aferrado a una estética poco común merece un aplauso; consumarla con clase y solidez ofrecen triunfos como éste.

Israel Galván en el Joyce Theatre hasta el domingo 25 – http://www.joyce.org

David Lagos (cantaor), Israel Galván (el artista) y Daniel G. Cabrero (www.danseusefilms.com)

2 comentarios to “Olor a romero y gasolina en Nueva York, por Daniel G. Cabrero”

  1. Daniela Says:

    Realmente tiene que ser maravilloso ver a Israel, como lo describes hace que el vello se te erice de placer

  2. Nacho Says:

    Israel Galván es el mejor bailaor/rin del mundo como lo fue Carmen Amaya, Antonio el Bailarin, Mario Maya o Nijinski

    GRACIAS Daniel Cabrero por tu aportacion

    Nacho de Huesca

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